Jaque a la historia.

Jaque a la historia.

Lejos, muy lejos, a más de 13mil kilómetros de distancia, un puñado de hombres ha logrado una hazaña inolvidable para el deporte paraguayo. Esta hazaña quedará asentada para siempre entre las victorias más trascendentales de nuestra historia. Como la de Pecci vs Connors para alcanzar la final de Roland Garros. Como aquel primer triunfo de Carlos Franco en el PGA Tour en New Orleans. Como aquella noche del 52 cuando -con Cira Escudero a la cabeza- un grupo de jóvenes mujeres paraguayas lograba el título sudamericano de básquet en el Comuneros. Como tantas otras páginas, algunas más conocidas y otras menos, pero ricas y dignas de la misma dimensión de gloria.

 

Para situarle a Usted, amigo lector, que de pronto se encuentra con este artículo –quizás, desde el desconocimiento de cómo se mueve el rey o la dama en un tablero de 64 casillas- le digo que estamos hablando de ajedrez. Le ruego que deje el prejuicio de lado y no crea, de buenas a primeras por lo menos, a aquel que le dijo “no hay nada más aburrido que escuchar una partida de ajedrez por la radio”. Es verdad, a veces las partidas duran bastante y captar la atención del público externo al mundo ajedrecístico se vuelve complicado. Pero quienes conocen las bondades y las miles y millones de alternativas que ofrece el juego durante su desarrollo, saben que pensar y analizar jugadas y más jugadas, en una de esas, se torna un poco entretenido.

Le cuento que en este momento se disputan las Olimpiadas de ajedrez. Las mismas se realizan cada dos años y desde hace décadas atrás, reúne a los jugadores más importantes del mundo defendiendo a sus respectivos países en lo que sería un Mundial por equipos. Son 4 tableros, donde 4 de los 5 integrantes de cada bando, se enfrentan mano a mano en busca de obtener la mayor cantidad de victorias posibles. La suma de los cuatro tableros otorga 2 puntos al ganador y un punto a cada equipoen caso de empate. Son 180 países en la categoría absoluta y 142 en la rama femenina.

 

Le agrego que el campeonato se disputa en Bakú (capital de Azerbaiyán desde 1991 con la disolución de la URSS). Acaso, la ciudad que vio nacer –allá por abril de 1963- a uno de los más grandes exponentes del juego ciencia: Gary Kasparov. El excampeón del mundo –recordado por sus enfrentamientos con Anatoly Karpov y su extraordinaria manera de entender y jugar el ajedrez que lo llevó a dominar el ranking mundial por casi 20 años- creció en medio de las enormes fuentes petrolíferas de la antigua Unión Soviética. En la década del 40, Bakú fue objetivo vital de la Alemania nazi que deseaba capturar –sin tener éxito- los enormes campos petrolíferos que hasta hoy día son fuentes inagotables de la economía zonal.

Y le comento que allí, en la mesa 13 del Arena Gymnastic -construida para los Juegos Europeos del 2015 con capacidad para 6mil espectadores- Paraguay se dio el lujo de vencer a Francia 2.5 a 1.5 en el marco de la quinta ronda del mencionado certamen. Francia no sólo es una potencia –cuna de los más jóvenes Grandes Maestros (título máximo otorgado a los ajedrecistas)- sino que además, cuenta en sus filas con el actual número 2 del ránking mundial: Maxime Vachier-Lagrave. Este monstruo de 2813 puntos de ELO (sistema utilizado para rankear a todos los jugadores del planeta), es superado solamente por el actual campeón del mundo: el noruego Magnus Carlsen. El promedio ELO del equipo paraguayo es de 2556, el de los franceses 2684. Ellos son preclasificados número 8 y nosotros 45.

Le tiro estos datos para que intentemos dimensionar la grandeza de este triunfo. Porque por estrategia nuestro número uno Axel Bachmann juega en el tablero 2 y, el cubano por naturaleza y paraguayo por elección, Neuris Delgado, va al tablero 1. José Cubas va al tercero y el histórico Zenón Franco al cuarto. Neuris baila con la más fea y la idea es aguantar todo lo que se pueda frente al dos del mundo. Axel tiene que ir a por todas conduciendo las piezas negras y así lo hace, con un juego ofensivo y punzante desde la siempre bien ponderada defensa siciliana. José, fiel a su estilo, consigue una ventaja en el medio juego con una interesante pareja de alfiles y Zenón conquista un peón de ventaja a la hora de juego. El panorama era esperanzador pero había que sostenerlo. Delgado sigue aguantando y su posición da sensación de tablas (empate en términos ajedrecísticos). Axel viene hecho una fiera, saca una clara ventaja y confirma el primer golpe que tranquiliza a los nuestros y pone los pelos de punta a los europeos. Según el amigo Eduardo Benítez -dirigente de la Federación Paraguaya, presente en la sala de competencia-, el rival de Cubas, Romain Edouard, tenía clavos en la silla y se levantaba todo el tiempo con cara de asustado. Tanto fue el nerviosismo de Romain, que luego de igualar una posición desfavorable y quedar ganado en el final, hace la única movida para perder. Hay una famosa frase que se repite constantemente en los torneos y reza algo así como: “tenía 100 jugadas para ganar y una para perder… e hizo la única para perder”. Bueno, esa hizo el francés. Mérito de Cubas que jugó una gran partida y que en la adversidad se mantuvo atento al error del rival. Zenón se vio emparejado en un final donde tuvo que devolver el peón de ventaja para forzar la situación e intentar un triunfo. Bauer jugó de forma inteligente y la partida finalizó en tablas. Neuris terminó cediendo ante la insistencia de Vachier-Lagrave, pero nada cambiaría la historia. Con victorias de Bachmann y Cubas en los tableros 2 y 3 y un empate de Zenón en el 4, Paraguay conseguía un triunfazo de aquellos que emocionan.

Podríamos decir que lo que pase de aquí en adelante poco importa luego de semejante proeza. Pero cuando le digo que este es el mejor equipo de la historia que presentamos en unas Olimpiadas y cuando le agrego que aún quedan 6 rondas por disputarse, seguro que tanto Usted como yo, todavía deseamos algo más. Es probable que mientras termine de leer esto, Paraguay ya se encuentre jugando ante Polonia en la jornada del jueves por la ronda 6. Es probable también, que termine como termine el torneo, algún que otro iluminado diga “son unos mediocres como todos los deportistas paraguayos, nunca traen medalla”. Si, es probable. Pero también es probable, que desde el desconocimiento y la poca cultura y costumbre deportiva que tenemos, se valore lo que han hecho estos muchachos a orillas del mar Caspio.

Jorge Chipi Vera