Superman Phelps.

Superman Phelps.

Cubo de Agua, ciudad de Pekín. Sábado 16 de agosto del 2008. Sólo una medalla de oro separa a Michael Phelps de igualar las siete obtenidas por Mark Spitz en unos mismos Juegos Olímpicos. El norteamericano llega cansado, exhausto. Ha nadado hasta el momento 3.100mts de competencia oficial. Una prueba y una victoria tras otra.

La carrera de los 100mts mariposas le ha costado en los últimos años. Perdió en dos de las tres últimas finales mundiales ante el poseedor del récord mundial: IanCrocker. Y no solamente su compatriota Crocker es el rival a derrotar. Hay otro mucho más peligroso, que venció en todas sus pruebas de eliminatoria y llegó con el mejor tiempo a la final: Mirolad Cavic. El serbio venía encendido. Poseía una salida explosiva y amenazante. Su reacción y su velocidad en los primeros 50 metros asustaban. Su vuelta no era despreciable. Estaba en condiciones de romper el sueño del Tiburón de Baltimore y lo sabía.

Deborah, la peculiar madre de Michael, lucía algo nerviosa en la tribuna. Sabía que esta prueba era especial y que su hijo denotaba rastros de cansancio. Las hermanas de Phelps se comían las uñas y su entrenador, Bob Bowman, intentaba esconder la ansiedad con un bloc de apuntes y bolígrafo en mano. Todo estaba dado. Ambientazo en la previa y la NBC al aire. Los comentaristas ya presagiaban una mañana muy difícil para Phelps.

El inicio era tal cual se aguardaba. Cavic sale a romper y su ventaja en los primeros 50mts es escalofriante. El serbio saca medio segundo al tocar la pared y tiene otros 50 para rematar la carrera. Phelps contra las cuerdas y en serio peligro. Su especialidad es la vuelta y el delfineo. Eso le ayuda a posicionarse mejor y no perder mucha distancia con el adversario que está a punto de arrebatarle el invicto.  Uno de los comentaristas se ilusiona y dice quehay una ventaja clara para Cavic, pero advierte que no pierda cuidado porque “ahí atrás viene él”. Sin embargo,Cavic no afloja. La ventaja que obtuvo la mantiene. Phelpstira todo. Sus enormes brazadas parecen no ser suficientes ante el griterío de un recinto que está a punto de estallar. Se acercan a los metros finales y todo parece irreversible. A metro y medio del final, Cavic se desliza confiado bajo el agua hacia la meta creyendo lo que todos creíamos en ese momento: que su triunfo era un hecho. Es allí cuando los grandes de la historia inventan algo. El final de Cavicha sido lógico, pero algo tímido. A Michael le queda un truco más. Phelps saca fuerzas quien sabe de dónde y emplea una media brazada que rompe la pared en el contacto con las palmas de sus manos. Fuerte. Potente. Con hambre. Aun así, nadie confía en su movimiento y creen que Cavic ha ganado. El relator de la NBC se calla por medio segundo sin saber que decir. Todos miran al tablero y este, inmediatamente, muestra un resultado increíble: ¡El ganador es Phelps por 1 centésima de segundo! ¡50,58 contra 50,59!

El relator explota: “lo hizo!! oh mi Dios, lo hizo otra vez!!”. Los comentaristas tampoco aguantan la emoción y comienzan a gritar: “una centésima de segundo!!”, señala uno de voz más fina. El silencio de los periodistas se vuelve a apoderar del momento por 3 segundos mientras se escucha el rugido explosivo del Cubo de Agua. El comentarista vuelve en y tira una vez más: “una centésima de segundo!!”. Incrédulo. Perplejo. Alguien tiene que explicar lo que nadie ha observado. La imagen se repite pero aún no hay claridad. Las tomas desde distintos ángulos no permiten visualizar lo que si lo hace la foto finish captada desde el suelo de la piscina. Cavictiene la punta de los dedos acariciando suavemente la pared, mientras que el golpe de Phelps fue contundente y eficaz. Phelps lograba su séptima medalla de oro e igualaba el récord de Spitz en una de las pruebas más increíbles de la historia. En la repetición, la madre de Michael, cuando ve concluir la carrera, levanta la mano y hace el gesto de dos como diciendo, terminó segundo. La hermana enloquece y le dice que mire el tablero mientras salta y llora de emoción. Deborah observa y no emite sonido. Con los ojos y la boca abierta, comienza a bajar uno de los dedos para hacer la clara señal del 1. ¿Uno? Se pregunta. Sigue sin emitir sonido, y como quién se desmaya en un acto involuntario, desciende en cámara lenta a su asiento.

Más calmado, el comentarista de la NBC vuelve a intervenir para emitir una verdad inalterable: “Phelps es mágico, es mágico… él es Superman”.

Jorge Chipi Vera